miércoles, 28 de agosto de 2013

Agosto 24 de 2013

Crónicas leticianas 54.

“Cuando la ambición toca a tu puerta, casi todo es predecible”

 Desde hace muchos años, es común que  avivatos  y timadores lleguen del interior del país a contactar incautos en la ciudad de  Leticia.
La ambición del dinero rápido de  muchos de sus habitantes  y la falta de  verificación de datos  de algunas  entidades y pueblo en general cuando de  hacer negocios con extraños se trata, hacen de ésta ciudad una “plaza fácil” para los  inescrupulosos, quienes poniendo en práctica sus argucias hacen sus tumbadas con alguna frecuencia, muchas de los cuales pasan desapercibidas y no se divulgan para no pasar pena ni hacer el ridículo los implicados.
En los vuelos que a diario aterrizan en la ciudad llegan estos personajes con credenciales made in Bogotá o Medellín, que los acredita como  doctores, abogados, profesionales,  comerciantes de empresas importantes y hasta representantes del gobierno, algunos de los cuales  se gradúan en la universidad del aire,  es decir en el vuelo Bogotá- Leticia .
Ellos  ya están enterados  que algunos comerciantes y habitantes de la ciudad, cuando de hacer dinero  fácil, rápido y en efectivo, “se abren de patas” como se dice literalmente ante cualquier oferta tentadora, otros caen  por ingenuidad y otros lo hacen  para lavar  activos. Éstas debilidades son  aprovechadas por éstos profesionales del tumbis, quienes haciendo uso de su elocuencia, presencia,  y capacidad de convencimiento   “enredan una bruja en una guadua”, como decimos en Antioquia.
Evoquemos  algunos casos que pasaron a la historia regional, empezando por el famoso paisa apodado “limonada” quien con su verborrea locuaz,  fue capaz de reunir lo más granado de la sociedad amazonense, comerciantes, militares y eclesiásticos, para esbozarles un proyecto  con el cual pretendía  promocionar turísticamente la región.
Fue el mismo que se unió a la comitiva cuando  el empresario  de televisión Plata Camacho montó toda la parafernalia  para que Kapax nadara desde Neiva hasta Barranquilla, y era él quien recibía el dinero que  en efectivo se recogía en una urna en cada puerto  adonde llegaban.
El día en que kapax llego a Barranquilla y se subía al puente Pumarejo para culminar su hazaña, Limonada desaparecía por otro lado con el dinero producto de las donaciones.
Otro caso conocido,  fue el del personaje que haciéndose pasar por un representante del gobierno  y pintándole pajaritos en el aire con respecto a la administración, llamó desde Bogotá a  un conocido alcalde de turno para anunciarle su llegada.
En el aeropuerto fue recibido por el mandatario en mención, quien lo atendió de maravillas con  comida,  buen hotel, licor, préstamo de dinero en efectivo y hasta mujeres a bordo. Resultado del  encuentro, birlada al señor alcalde.
Y otra  tumbada ocurrida hace unos pocos años de la se salvaron muchos más comerciantes,  gracias a mi contacto con el inescrupuloso, fue la efectuada por el paisa de nombre Jorge Henao ( nombre falso, por supuesto) quien haciéndose pasar como  representante del centro  comercial “El Hueco” de Medellín, engatusó a varios comerciantes a quienes prometiéndoles mercancía muy barata que le llegaba en un chárter  desde Panamá, los despojó de dinero por adelantado, historia - denuncia que pueden leer  en mi blog sineskrupulos.blogspot.com bajo el título crónicas leticianas 8 “ El precio de la palabra verificar” .
Y así como los anteriores, son muchos los casos que han  ocurrido que darían para escribir un libro bien voluminoso, pues como lo he dicho en repetidas ocasiones, muchos  comerciantes  y  mucho pueblo en general,  por andar  con el signo pesos incrustado en la cabeza,  no les da la oportunidad de verificar  o comprobar ciertas acciones de algunos personajes que los visitan, razón por la cual caen  tan fácilmente.
Y esta modalidad,  parece que se hubiera enquistado en la región y hablemos de ciertos personajes traídos del interior del país o que ya habitan en el terruño, quienes con la anuencia de ciertos gobernantes se vinculan  a la administración, entre otras cosas, a esquilmar  el presupuesto regional. Abogados, entre otras profesiones,   que ingresan como asesores y jurídicos  expertos en el ardid y la trama sobre todo cuando se habla del término  “contratación”.
Puede que el gobernante sea honorable y honesto,  y puede que desconozca o no, que el lugar en donde se  confabulan ciertas operaciones es precisamente en las oficinas de ciertas asesorías o secretarías en donde al incluir al mandatario en la nómina de los que reciben comisión, lo convierten  automáticamente en el firmón de turno,  que  en la mayoría de las veces, les acarrea  problemas y futuras investigaciones.
Ellos son los que saben, al confabular con el contratista elegido, en donde  está el veneno en la licitación que desfavorece a los demás, como por ejemplo y entre las múltiples triquiñuelas, cambiar una referencia que sólo la distribuya el contratista elegido, publicar  en  internet en la página de la alcaldía o gobernación los requisitos del contrato en horas de la noche con vencimiento a los pocos días, requisitos que ya conoce el favorecido  de  antemano teniendo todo listo para su presentación, o inventándose requisitos absurdos, como le ocurrió al mega ex gobernador  al exigir  en una licitación, que los aspirantes  debían hablar el idioma  indígena nativo para poder ser partícipe de ella, detalle que hoy lo tiene en investigación.
Y esa situación parece que también la están aplicando otros personajes, quienes como a aspirantes a diferentes puestos políticos  como  representantes,  senadores, diputados,  concejales, alcaldes o  gobernadores aparecen de un día para otro como los salvadores de la región con doctorados, títulos académicos, solvencia económica pero con una visión “micro” de los problemas del departamento al no mirar más allá  de sus narices,  inoperantes, desconocedores de leyes y  de administración pública que no les da para esbozar un buen plan de gobierno, obras a ejecutar o un planteamiento o debate popular entre ellos para conocer sus ambiciones, pero eso sí con el signo pesos estampado en su frente. Está bien que la mayoría de personas se conocen entre sí, pero no hay derecho que para una elección de esa magnitud,  en donde está en juego un presupuesto o una representación popular a nivel nacional, porque  éste o aquel sean conocidos, posean  apellido de tradición política, o tengan como sostener una campaña,  que en la mayoría de las veces es patrocinada por segundas personas interesadas en manipular el mandato y el presupuesto, sin ser negativo,  ni dudar de las capacidades que muchos puedan tener, no creo que  estas connotaciones  los hagan merecedores para aspirar a los puestos descritos anteriormente y es ahí en donde el pueblo debe exigir  con miras a la verificación, la hoja de vida de los aspirantes, experiencia, títulos universitarios, conocimiento de la problemática regional y todo los temas alusivos a su aspiración, para así tener un conocimiento más acorde  y realista del personaje, ya que esa es una de las tantas fallas  electoreras que se presentan en  el departamento en donde algunos  por favorecerse personalmente, confunden la amistad y el paisanaje con el manejo de  una administración y los destinos de una región con las consecuencias  previstas  que todo el mundo conoce y  que vienen  ocurriendo desde hace muchos años, con el patrocinio del electorado, a quienes muy poco les interesa  la región, sino  la buena tajada que puedan sacar de la elección.

Carlos Javier Londoño O.

sábado, 17 de agosto de 2013

Agosto 12 de 2013


Crónicas  Leticianas 53

“La  triste realidad  que  algunos políticos y candidatos han olvidado”

Leyendo algunas  páginas de las redes sociales - en especial  las de origen amazonense -  que  hablan sobre la problemática politiquera existente en la región, encontramos que  ciertos personajes  dejan allí plasmado por escrito, verdades, mentiras, comentarios, chismes y elucubraciones alusivas a la causa, sacándose los trapos al sol, lanzándose  dardos, insultándose, ultrajándose,  esculcándose el pasado y denigrando  de todo el mundo con tal de dejar mal parados a ciertos  personajes, adversarios o candidatos que se disputan la torta para regir los destinos, aquellos que  en nada  benefician  a la ciudad, pero sí a los  elegidos,  en una lucha de “oportunistas” que desde hace mucho tiempo viene ocurriendo en la región.
Escribo ésta crónica para refrescarles la memoria a algunos, a otros, para que repasen lo que ya saben, y escribo sobre todo   para que la  juventud existente se entere de algunas realidades.
Remontémonos a la época  desde cuando el Amazonas era una simple comisaría que dependía del gobierno central, en especial del pulpo político llamado   Departamento Administrativo de Intendencias y Comisarias, “DAINCO”,  entidad que aglutinaba políticamente a todas las intendencias y comisarias existentes para aquella época. Era otra Colombia, con un director, que era prácticamente el segundo presidente de éste país del Sagrado Corazón.
Entre ésas dependencias políticas  estaba la circunscripción electoral, que para el Amazonas era manejada desde el Huila y el Caquetá por los gamonales politiqueros de la época, entre los que  se destacaban, entre otros, Guillermo Plazas Alcid, Rodrigo Lara Bonilla, Hernando Turbay  su hijo Rodrigo Turbay y Ricaurte Lozada, quienes como congresistas, senadores y representantes, desde esas tierras eran los que conducían los hilos de la política amazonense, secundados por los caciques regionales por todos conocidos como los jefes de los  partidos tradicionales  conservador y liberal, representantes, senadores y matronas de gran influencia , ya que para esa época no existía - como en la actualidad -  la alcahuetería de tantos partidos,  en donde se amparan, para su conveniencia los disidentes, tránsfugas y voltearepas.
Esos eran los dos partidos que prácticamente se disputaban el manejo de la rienda administrativa comisarial que, como dije anteriormente, eran patrocinados  de acuerdo a la conveniencia, por los políticos antes mencionados.
Desde esa época, los actos corruptivos para ganar elecciones  vienen haciendo su agosto,  tal fue el caso del robo del lote de  Navenal,  que con su repartición entre varios usuarios, para unas votaciones, favoreció  al partido infractor. o la “caja menor de los amazonenses”,  como lo fue la construcción de la carretera denominada los “kilómetros”,  vía a la cual - durante más de treinta años - le inyectaron millonarias sumas de dinero para hacer  míseros veinte kilómetros,  de trocha, pero eso sí, las partidas asignadas dieron para que la mayoría de los administradores y allegados, llenaran sus arcas personales.
Posteriormente con la llegada de la bonanza, cuando un gran amigo del pueblo (en especial de los indígenas) se consolidó como un líder político regional con  pros y contras a su favor  por todos conocidos,   fundador de la famosa “Casa Liberal del Amazonas”, que aglutinó la crema y nata de la política amazonense y que manejó por mucho tiempo los destinos políticos de la región, y que ahora sólo lo recuerdan  por su  emergente actividad, y no por lo que hizo por la mayoría de los politiqueros de turno, como patrocinarlos  para que fueran elegidos como representantes, senadores , alcaldes, comisarios  diputados o  concejales  o conseguirles prebendas como buenos puestos o  jugosas pensiones que ahora, haciendo  ahora gala de su  doble moral y mente olvidadiza, no recuerdan las antesalas que hacían en la “casa grande”, acompañadas de whisky  de las mejores marcas para esperar de nuestro gran “amigo” un apoyo económico para financiar sus campañas,  tal como lo hacían los políticos huilenses y caqueteños.
Hoy que sus hijos, nietos, hermanos, cuñados, primos , yernos, nueras y otros descendientes  están en la contienda, peleándose una curul para  regir los destinos del erario  departamental,  éstos, se rasgan las vestiduras ante los medios radiales y escritos, hablando de honestidad, de  amor por su pueblo, no dejando de practicar las mismas mañas y los mismos vicios políticos  de sus antepasados, pensando que un apellido, una situación económica o un antecedente ilegal, les da patente de corso  para hacer del departamento una finca familiar.
Como olvidaron esos veteranos políticos cuando en aquel entonces, secundaban esas actividades politiqueras, las cuales si querían seguir  a través de su descendencia,  hubieran  enviado a sus allegados a estudiar y prepararse mejor  con buenos conocimientos, bases y conexiones beneficiosas para el desarrollo de la región, y no permitir que  su descendencia se “bacaniara” como  dicen en la jerga  parlache, en esa sociedad del dinero fácil tan común en la región, que los motiva ahora a aspirar, cueste lo que cueste, a manejar  los hilos de la administración departamental,  con miras a conseguir dinero y figuración, mientras ellos, unos, ya fallecidos,  y los vivientes, se pasean como respetables  comerciantes o ciudadanos eméritos de la región. Bien lo decía un amigo: hasta para ser bandido se deben conocer bien las leyes para saber cómo violarlas correctamente.
Mientras tanto, el puedo se prepara para votar por los mismos con las mismas, a sabiendas de lo que va a pasar, pero no importa, no hay que  desaprovechar las prebendas a las que están acostumbrados como la compra del voto, una mísera dádiva o un puesto, desde  donde les toca  permanecer callados  durante los años que sus elegidos ejerzan, viendo como la corrupción acaba con el dinero del pueblo amazonense por la complacencia de los electores.
Carlos Javier Londoño O


jueves, 8 de agosto de 2013

Agosto 06 de 2013
Crónicas leticianas 52

“Leticia, de ciudad de castigo, a paraíso pecuniario”

Y volviendo a las situaciones atípicas que se presentaron durante la época de la bonanza, narraré otra de las tantas  que pasaron a la historia.
Como ya lo había dicho, Leticia era en esa época  un sitio de castigo para los miembros de varias instituciones oficiales, con tan mala suerte para ellas, que posteriormente la ciudad se convirtió en el paraíso  para que los “castigados”  se rebuscaran el dinero fácil, pues cuando apareció  el ilícito, la alianza entre algunos comerciantes, los emergentes y algunas  autoridades - por todos conocida - les permitió un buen funcionamiento del “negocio”.
La colaboración era tan efectiva, que entre todos se cuidaban la espalda,  ya que cuando llegaba a la ciudad algún sospechoso se le ponían a la pata, como se dice coloquialmente, para saber de quién se trataba, ya que  podía ser una autoridad ajena a la ciudad que llegaba como infiltrado, un nuevo emergente, un rebuscador, un sicario, etc.
A los pocos días ya se sabía quién era el personaje, a qué iba, quienes eran sus conexiones y hasta quién era el patrón cuando se trataba de un  mandadero.
Por esa relación habida entre esas instituciones, se supieron  muchas cosas que para mucha gente pasaron desapercibidas, pero que para otros que estaban en la jugada eran importantes, como el caso del arribo de la banda de sicarios  llamada  “Los Priscos” al servicio del cartel de Medellín  y que llegaron a hacer algunos “trabajos”.
Durante su estadía, se supo que salían al basurero a matar gallinazos para atinar puntería.
Volviendo al caso del dinero fácil, que no es tan fácil, sino rápido, digo yo,  una de las razones por las cuales muchas autoridades se fueron ricos de la región, se debió a que casi ninguna incautación de droga habida en la ciudad o en el río era reportada como “positivo” por miembros de algunas entidades controladoras, ya que esa era una de las tantas maneras de rebuscarse, transando con el infractor un arreglo beneficioso para ambas partes, situación que era conocida por algunos superiores que también  estaban en la nómina de la repartición.
Solo se reportaban aquellas incautaciones r en donde el público estaba presente y en donde  ya era  difícil  el arreglo, ante tanto testigo de ocasión,  como las ocurridas en el aeropuerto y en el puerto civil.
Y para muestra un botón: Cierto día estaba un amigo, representante en la ciudad de una gran empresa  parado en la esquina de lo que hoy es Tío Tom, resguardándose  de un aguacero de los que suelen caer en la zona.
Observaba correr el agua hacia el río por la calle denominada el puerto de Mike, que para la época era una calle sin pavimentar  cubierta de barro en época de lluvia cuando  de pronto vio subir en la soledad  de la calle a un parroquiano quien, con un morral al hombro,  se encaminaba hacia donde él estaba. Observaba el hecho como una cosa normal. De pronto, de uno de los lados de la calle cubierto de maleza salió la figura de un aduanero, quien lo detuvo  en medio de la lluvia y le hizo  una minuciosa requisa al morral.
El amigo observaba desde la distancia el procedimiento. Acabada la requisa, notó que el  representante de la aduana  se introducía  por entre la camisa unos paquetes que no alcanzó a distinguir qué se trataban,  sin embargo, desde la esquina le pegó un silbido, y haciendo   la mímica de serruchar  moviendo la mano derecha sobre la izquierda en actitud de corte, le dio a entender que había visto lo sucedido.
El aduanero desapareció en medio de la lluvia puerto abajo y “el cholo” -porque era un peruano- continuó subiendo hasta pasar por donde el amigo el cual no se aguantó la inquietud preguntándole qué le había pasado a lo cual respondió: “pues que me ha sabido quitar unos dolaritos que traía”. Las cosas quedaron  así.
Al otro día muy temprano, un aduanero que resulto ser conocido del amigo, se le apareció  en el negocio y después de saludarlo le dijo:” Es la primera vez que un civil me tumba tan elegantemente”, tome por  ver,  y sacando de sus bolsillos dos billetes de 100 dólares de lo incautado al peruano (yo diría que robado), se los regaló.
Y así ocurrió, nadie vio, nadie dijo nada y la vida continuó.
¿Qué autoridad no ambicionaba estar en la ciudad ejerciendo el servicio con éstas garantías extras a su sueldo?
Así cualquiera progresa  en una ciudad en donde, cuando se trata de favorecerse las partes, casi todo es permitido.
Carlos Javier Londoño O.


miércoles, 31 de julio de 2013

Julio 31 de 2013

Crónicas  leticianas 51
“A mi  locuaz afro descendiente amiga”
Para comenzar la crónica, voy a referirme a mi amiga como  la “afro descendiente” o la morena, para no llamarla “la negra” como todos la conocemos, no sea que algún defensor  oportunista, algún resentido,  o una de esas entidades  fariseas que, por ganarse un aporte económico defienden hasta la ilegalidad, me tilde de racista.
Es una crónica que, con el respeto que ella me merece, se la dedico en vida como un reconocimiento a su civismo, a su actitud en defensa de los intereses  de la ciudad y, sobre todo a la exótica “locuacidad” que maneja, con la cual, sin tapujos  ni eufemismos, le dice al pan pan y al vino vino.
El relato se remonta a la época  de la bonanza, cuando ella tenía un famoso restaurante situado en el llamado “callejón de las viudas” en el puerto civil, lugar que - aunque no era sitio de restaurantes estratos 5 - si se comía lo mejor de los frutos del rio amazonas, entre otros exquisitos platos.
Turista nacional  que llegara ala región y tuviese conocidos en el pueblo y no  fueran a comer a su restaurante,  se podría decir no había visitado a Leticia.
Llegar a su restaurante,  fuera de degustar sus ricas viandas, era actualizarse en los sucesos del pueblo  y del  país, pues noticia que no se supiera, se la inventaba.
Y para muestra un botón: Cierto día en  que llegó un emergente de los que solían llegar a la ciudad, fue invitado  por varios amigos a su restaurante, como parte del folclor amazonense.
Al llegar  al sitio fueron recibido por una simpática morena bien presentada, de contextura gruesa, con falda estrecha ceñida al cuerpo, quien saludándolos  amistosamente les dijo: Síganse mis amores, bienvenidos al mejor restaurante de Leticia, nuestra especialidad, fuera del chisme, es el caldo de pescado llamado “Tumba camas”, así que si llegaron bajitos de ánimo aquí se lo levantamos.
Procedió a sentarlos en una mesa en donde ya había otras personas almorzando.
 El emergente fue presentado a la amiga propietaria del negocio, de quien le agradó su espontaneidad, locuacidad y buen recibimiento.
¿Bueno amiga y qué nos recomienda para hoy?-Preguntó el recién llegado para romper el hielo-
Como ustedes son turistas, primero que todo tómense una chuchuhuaza para ponerse a tono (éste trago lo toman en la región las personas adultas, para la artritis y para mantenerse en forma).
Después de la aceptación por parte de los recién llegados, cuatro copas del licor fueron servidas; después del brindis y su ingestión, el efecto no se hizo esperar, empezaron a sudar como si se estuvieran derritiendo, debido a las calorías del licor y al calor abrasador que reinaba en esa tarde.
La morena al verlos transpirar les dijo: - ahora que están entrando en calor, viene la segunda parte, un suculento caldo de “cuchas” servidas en su propio caviar, pues están llenitas de huevos.
Dirigiéndose al nuevo cliente le dijo: Vea bizcocho, prepárese a conseguir amiga para esta noche, porque la morena le garantiza que con ese caldo, va a quedar como un trípode, parao en tres patas.
Todos los presentes soltaron la carcajada por lo jocoso del apunte.
Al instante estaban servidos varios humeantes platos con el famoso caldo.
Todos degustaron  el caldo y hasta repitieron.
Uno de los presentes, conocedor de lo mordaz de la lengua de la morena, le preguntó: ¿Oíste querida y cuál es el último chisme?
Al instante y sin pensarlo dos veces respondió: ¿Saben quién se casa? Pues la pecosa,  la secretaria de la alcaldía; imagínense que se consiguió de marrano a un pobre odontólogo que está recién desempacado haciendo el rural, ahí lo tiene andando  al pie de ella como perro faldero, dizque se va a casar por la iglesia,  esa mujer como ha sido de trajinada, con decirles que se va a ver más sangre en la reventada de un lazo que en esa luna de miel.
Los comensales que se encontraban almorzando volvieron a carcajearse  ante este nuevo comentario.
El nuevo emergente se dio cuenta de la magnitud de la lengua de la morena, que desde ese día prefirió tenerla como amiga. Después de almorzar, solicitaron la cuenta, la cual se las  pasó  la morena diciéndoles: -vuelvan por aquí mis amores, si desean comer algo especial yo se los preparo pero eso si, me avisan con un día de anterioridad.
Se despidieron de ella quedando muy agradecidos por la atención. Sobre el camino  el emergente les comento a los amigos: Qué tal ser enemigo de la morena, con esa lengua es capaz de dañar un baile de esmeralderos. Todos se limitaron a sonreír.
Esta es otro de los tantos personajes que, por una u otra razón, han pasado a ser parte la historia del pueblo leticiano.
Aún vive en la región atendiendo su restaurante situado en otro lugar y  disfrutando de los cumpleaños, reuniones y otras invitaciones  que las famosas “cuchibarbies” de la ciudad le hacen con tal que les amenice la noche con sus comentarios.

                                                                                                                        Carlos Javier Londoño O.

sábado, 27 de julio de 2013

Julio  26 de 2013
Crónicas leticianas 50

“A don Custodio Parra Rojas, mi respeto y mi reconocimiento”
Murió uno de los más  grandes comerciantes que tuvo el Amazonas en su época pionero del comercio y del turismo, señor Custodio Parra Rojas.
Sin causarme extrañeza, veo que  ninguna entidad de las que funcionan en la ciudad ni nadie  se ha pronunciado al respecto, aunque fuese con una mención al personaje que manejó los hilos de la economía en esa frontera tripartita.
Desafortunadamente, como Don Custodio, no  era “producto interno bruto” amazonense, a lo mejor no pasara a los anales históricos de la región, como le ha ocurrido a  otros personajes que han hecho mucho por el territorio y que el pago que  han recibido ha sido el  desconocimiento de sus acciones  y el desagradecimiento de la ciudad,  como son los casos de los foráneos el  Dr Silva y Mike Tsalickis entre otros, que por su accionar honesto y con las fallas que como todo humano se pueden cometer, han pasado como simples ciudadanos.
Caso contrario ocurre hoy con aquellos que, siendo o no conterráneos, por su actuar deshonesto, doble moral, negligente, apático e indolente  con la región, pero que si han compartido con el pueblo parte del erario amazonense, se han ganado  los puntos necesarios para subir al pódium de los personajes importantes.
Quiero con éste artículo -con el respeto que él y su familia me merecen- Agradecerle y hacerle un  reconocimiento  por todo lo que hizo por la región en épocas cuando Leticia tenía mejor calidad de vida, en donde los problemas del departamento eran  problemas de todos  y se trataban de solucionar  de común acuerdo y en donde los trabajos se ejercían con honestidad.
Éste personaje, quien con su almacén “La Confianza Y Créditos Cuspar” en primer lugar, seguido por el señor Blas Porras con su “Bodegas El Triunfo”, comercialmente en segundo lugar, trabajando  en camaradería y sentido de amistad con los señores Mario  Soarez de Tabatinga, propietario del supermercado “ Taquí ”, Joaquín Abenzur,   magnate maderero  y naviero que ejercía su comercio en Islandia ( Perú) y el señor Lucho Valdés Villacorta comerciante de Pucallpa (Perú) formaron el triángulo  comercial que movió las importaciones y exportaciones y las divisas  para los tres países y toda ésa frontera amazónica.
Según los “comunicativos” amigos de tertulia,  a los cuales les enseñó los juegos que aún eran desconocidos en la región, como el póker, el dominó y los dados entre otros, contaban que don Custodio llegó a Leticia  como guardia aduanero procedente  de una  hermosa tierra, su pueblo natal, llamado Timaná que queda en el departamento del Huila.
Trabajo en que se desempeñó con honestidad por largo tiempo.
Después de renunciar a su empleo original de aduanero,  decidió  montar su propio negocio, que todos conocimos con el nombre de almacén “La Confianza”, desde donde empezó su ascendente carrera comercial pues era el representante de casi todas las firmas empresariales  colombianas, peruanas y brasileñas, y especialmente de Panamá,  país del cual era su primer importador.
El origen de su capital –decían- fue producto del azar, tema que no viene al caso  profundizar, aunque lo conozco,  para evitar malos entendidos, pues de esos comentarios  nada me consta.
Posteriormente se asoció con otro comerciante, creando las bodegas en donde comercializaba las pieles de tigre, caimán negro y serpientes, dándole trabajo a muchas personas de la ciudad que laboraban en el puerto, comprando para él  toda clase de pieles que llegaban, en un   negocio que era permitido en aquel entonces hasta  cuando llegó la veda por un  acuerdo firmado en Leticia por los presidentes Pastrana de Colombia y Garrastazú Medici del Brasil.
Desde las bodegas salían cantidades de pieles  en los barcos ingleses  que llegaban  a Leticia y  que posteriormente salían para  Europa.
Hacedor junto con su hijo Evelio , como arquitecto, y  Jaime Núñez - popularmente conocido como  “Panucho”- como  maestro de obra, del famoso “Hotel Anaconda” emblema amazónico que ha albergado personajes de toda clase  desde presidentes  hasta emergentes famosos; hotel que fue construido como competencia turística a los hoteles “Parador Ticuna” y “ Hotel Colonial” de los  hermanos Mike y Jorge Tsalikis,  impulsadores turísticos del Amazonas a nivel nacional y mundial.
Fue el pionero de los créditos en el Amazonas y en especial en la  ciudad capital Leticia, con su almacén “Créditos Cuspar”,  el cual fue gerenciado  inicialmente por el señor Alberto Sánchez, seguido por su sobrino Robinson Parra quien se lo compró posteriormente, siendo el heredero al día de hoy,  de ese emporio comercial que inició su tío y que hoy se llama “Créditos Parra”.
Como dato anecdótico, les cuento que las primeras volquetas que llegaron a Leticia fueron  sacadas a crédito por los señores Hernando Matiz e Ignacio Enciso.
Toda persona que se precie de haber  vivido en Leticia por muchos años, tuvo que ver con el almacén Créditos Cuspar, de ahí que fue incluido el cuento de que el que tomara agua del  río Amazonas  para aquella época, le caía la maldición  que se hacía realidad con los siguientes hechos: vivir en Leticia  por más de 10 años, casarse con una leticiana, comprar un carro viejo, que la  casa se la construyera Panucho  y tener un crédito, en Créditos Parra.
En resumen: Don Custodio fue todo  un magnate en la región. En cualquier transacción de gran magnitud  económica que se hiciera en la ciudad, sus manos  estaban de por medio  pues era tanto el poder, que hacia subir o bajar las cotizaciones  del Cruzeiro y el sol (moneda del Perú) en la ciudad de acuerdo con su conveniencia.
Desafortunadamente para  dolor de mucho leticiano, la mayoría de las grandes empresas creadas en la región fueron hechas por manos netamente foráneas.
A Don Custodio, mi respeto y mi reconocimiento.

Carlos Javier Londoño O.

jueves, 18 de julio de 2013

Julio 10 de 2013.



Crónicas leticianas 49

“La tendencia corruptiva en el Amazonas no es casual, es heredada”.

Desde hace mucho tiempo  atrás, el Amazonas por ser un departamento no  representativo electoralmente  para los caciques centralistas, no es tenido en cuenta  para proyectos progresistas nacionales y si a eso le sumamos la falta de acción de sus “honorables” representantes que no exigen los privilegios que el departamento se merece y en especial su ciudad capital Leticia como  vitrina representativa nacional en esa frontera tripartita, en donde la población, por el hecho de vivir y cuidar  gratis esa frontera, el gobierno debiera prestarles mayor atención con incentivos tanto económicos, como  proyectos de gran envergadura en industria y comercio, educacionales,  y de salubridad entre otros, para que no siga siendo la “cenicienta” de Colombia y sitio de engorde de funcionarios que van a vegetar y esperar que la edad les dé la oportunidad de adquirir una buena pensión, sin comprometerse con la situación  que se está viviendo en la región,  tal vez para no dañar su hoja de vida, y dando pie para que ciertos funcionarios públicos  se  “inventen” sus formas particulares de entradas diferentes al sueldo,  que ahora   llaman corrupción.
Por esa razón les voy a hacer un recorderis  sobre el porqué, esa modalidad corruptiva, viene imponiéndose  desde la época de la bonanza.
Antiguamente Leticia era considerada por varios estamentos  gubernamentales de la capital, como un “sitio de castigo” a donde enviaban personajes públicos, militares, policías, aduaneros y todo funcionario que había cometido una infracción en el centro del país. Esas eran las autoridades que llegaban a regir los destinos de la ciudad. Si a la llegada de estos infractores le sumamos  el conglomerado de habitantes  existentes  en la región compuesto  por nativos,  por  los ex – presidiarios que llegaron  al cierre de la penitenciaría de Araracuara a hacer nueva vida, los aventureros, rebuscadores, inmigrantes de otros países ,colonizadores peruanos , colombianos y brasileños quienes al mezclarse con esa sangre india rebelde  e indomable formaron  un mestizaje avasallador  que dio como  resultado una mezcla  genética bastante complicada que subsistían de su trabajo aumentado por las bonanzas  que surgían como las del  caucho, pieles ,animales, madera y pescado. Por esa razón, cuando apareció la bonanza del narcotráfico en una ciudad en donde, la mayoría de sus habitantes e indígenas espantaban   cada día de sus puertas la pobreza  que se vivía en la región, el terreno estaba abonado para que ella penetrara en la mayoría de las casas leticianas, estamentos gubernamentales  y autoridades. Y por eso ocurrió lo que ocurrió, a todo ese personal  que llegó  castigado y demás, en vez de que Leticia fuera su  sitio de  castigo se les convirtió en el paraíso para conseguir dinero fácil aprovechando su investidura. Y es que nadie  se pudo escapar a ese flagelo, pues la mayoría de funcionarios, sobre todo autoridades recibían mensualmente  su  “sueldo”  extra por facilitar el accionar de estos emergentes, hacerse los ciegos y sordos ante cualquier irregularidad. Razón por la cual capo que se respetara pasaba por  Leticia como Pedro por su casa porque, allí con dinero, todo era posible ya que las autoridades sabiendo quienes eran, a que iban, quienes eran sus contactos en la ciudad, nunca actuaron y si lo hicieron fue con “positivos”  insignificantes, mientras que por otro lado salía el cargamento  que para ellos era más significativo económicamente. 
De ahí que todo joven ambicionaba en esa época,  ser autoridad, aduanero, empleado gubernamental, político o gobernante porque ellos sabían que eran los únicos empleos que daban la oportunidad de rebuscarse un dinero extra , al observar que,  la mayoría de funcionarios salían económicamente bien, pero no era por el sueldo que devengaban del gobierno, pues que yo sepa, casi nadie se ha hecho rico trabajando honradamente en la región, salvo algunas excepciones muy conocidas quienes  también, de una manera u otra  tuvieron su vínculo o pecado con la bonanza, pues ya es bien sabido que capitales sanos de la época fueron infiltrados por  capitales del narcotráfico para efectuar lo que hoy se llama “lavado de activos”, en donde se trabajaba con un glosario  que figuraba en la mesa de muchos funcionarios  con las palabras: soborno, enriquecimiento ilícito, cohecho, peculado por apropiación, y  concusión entre otras.
Así que analizando a sangre fría, sin escrúpulos, ahí está esbozado parte del origen de la situaciónde corrupción que se está viviendo en el departamento, en donde la mayoría aspira a los puestos públicos y políticos con esa finalidad, la de arreglar su situación económica, a costa de lo que sea. Y el pueblo, muy bien muchas gracias.
Aquí les formulo una pregunta para que se den cuenta de que algo está pasando en la región: ¿Por qué en Bogotá  algunas autoridades y empleados públicos están pagando para que los trasladen a Leticia?
Para reforzar lo antes dicho y terminar mi crónica, va una anécdota ocurrida a   un funcionario del Inderena .
Cierto día que se encontraba  dicho funcionario ejerciendo su autoridad por la orilla del río, ya  que ese sitio, por llegar tanta gente en embarcaciones,  era el rebuscadero  para la mayoría de las autoridades de la época, quienes como aves de rapiña, se mezclaban con la multitud o escondidos desde las bodegas de pescado, estaban con ojo avizor prestos  a descubrir cualquier matute, tráfico ilegal de dólares   animales o droga,  que les representara  una entrada extra en el día.
Allí se encontraban  mimetizados con la población, policías, aduaneros, agentes del Das, funcionarios del Inderena,  del  Ica y hasta agentes de la DEA disfrazados de pescadores o hippies.
Como decía, el funcionario caminaba por la orilla en su cacería, cuando descubrió a un indígena que llevaba un costal al hombro  cuyo contenido eran unas bolsas llenas con peces ornamentales que estaban en veda  por ese tiempo y por ende prohibido su comercio.
Para el  funcionario su pensamiento fue “Se me apareció la virgen” y para el indígena las alternativas que se le presentaron fueron dos: dejarse decomisar la mercancía o pagar para continuar con la infracción. Después de unos minutos de conversación, llegaron a un acuerdo el cual fue pagar para no perder  la mercancía, con la opción de seguir pasándola  cada viernes sin problema,  so pago de una cuota. Y así fue.
Puntual, cada viernes, desde temprano, el funcionario estaba al acecho de su víctima para recibir la cuota estipulada.
Así pasaron muchas semanas durante las cuales recibía su dinero extra sin ningún problema. Sucedió que al empleado le notificaron vacaciones, razón por la cual  debía abandonar  la ciudad. Antes de viajar, adiestro a un compañero para que lo reemplazara, sobre todo en el cobro de la coima que había estipulado con el indígena.
Al nuevo funcionario le detalló todas las características de la canoa y de la imagen del infractor para que le cayera los viernes, día en que solía llegar.
El primer viernes de su cacería, el compañero  estuvo muy pendiente  desde temprano en la orilla del río vigilando la llegada del nativo.
Llegó una canoa con un personaje que se ajustaba a las características que el amigo le había dado, lo esperó a  que desembarcara  y cuando se echó el bulto al hombro, el nuevo funcionario  se le acercó  saludándolo muy cortésmente, al mismo tiempo que se le presentaba: buenos días amigo: yo soy funcionario del “Instituto Nacional de los Recursos Naturales y del Ambiente, el indígena no lo dejo  terminar su presentación cuando le respondió: menos mal que  usted no es de esos  hp del Inderena que me la tienen montada. 

Carlos Javier Londoño O.

miércoles, 10 de julio de 2013

Julio 10 de 2013

Crónicas leticianas 48
“Excentricidades en la bonanza”

Fueron muchos los “emergentes” famosos que se pasearon por las calles de la ciudad de Leticia durante la bonanza del narcotráfico en los años 70 y 80.
De ellos,  varios fueron extraditados, otros fueron dados de baja por ajuste de cuentas o por manos de las fuerzas gubernamentales, algunos están presos en cárceles colombianas  y los que lograron superar la situación, viven con el estigma  de ser o haber sido un narcotraficante.
Algunos dejaron historia en la ciudad, al tratar de sobresalir con actos a veces salidos de lo normal, que si producían malestar en la ciudad, su majestad “don dinero” cubría cualquier perturbación  ocasionada por la inoportuna excentricidad. Otros con sus actos benéficos, trataban de convencer a las autoridades de la legalidad de su trabajo.
Lo cierto es que las excentricidades  se dieron y todo se veía normal pues, vuelvo y  repito, el dinero tapaba cualquier irregularidad o perturbación atípica en la ciudad.
Y para muestra un botón: Unos se destacaron por llevar, en vuelos chárter,  caballos de paso para exhibirse por la ciudad; otros, por llevar plaza portátil para hacer corridas de toros o  llevar gallos famosos para efectuar, en la gallera, millonarias peleas. Algunos se distinguieron por hacer sus bacanales en prostíbulos y casas particulares, en donde  las hermosas mujeres, el licor y la droga, eran las reinas  de la noche. También se destacaron por hacer fiestas inolvidables  de cumpleaños, en las cuales  la gastronomía  y el ambiente musical amenizado por cantantes famosos,  llevados desde Bogotá, eran el atractivo,  o por llevar, con dinero del narcotráfico, representante por el Amazonas al Reinado Nacional de belleza en Cartagena. Otros se destacaron por su  colaboración interesada a sus  fines personales, como aquél que regaló la primera ambulancia para el hospital San Rafael de Leticia.  En fin, no había nada imposible de hacer en la región, cuando de pasar una noche alegre con algo de anormalidad se trataba.
El caso más particular era la excentricidad de un conocido personaje que, cuando visitaba  la ciudad  de Leticia, casi siempre llegaba “entonado” por las bebetas que se daban a bordo, con la anuencia de las azafatas en el vuelo comercial en que llegaba, situación muy normal vivida en el transporte aéreo de pasajeros de la época.
Como el avión llegaba después del mediodía, hora de calor insoportable, después de instalarse en el hotel, vestido con pantaloneta de baño, botella de whisky en mano y seguido por sus damas de compañía,  se dirigía a la piscina apoderándose de ella y ordenando a sus escoltas traer la banda de músicos del Apostadero Naval, que para ese tiempo era la banda que, con músicos maestros como Picón, Zabala,  el viejo Cuba  y Nory, entre otros, animaban popularmente cualquier evento.
Una vez llegaba la banda, la fiesta se prendía alrededor de la piscina y el licor y la comida empezaba a circular por cantidades.
Mientras tanto, el  personaje disfrutaba la piscina con sus mujeres, las cuales lo bañaban con whisky al son de juegos y risotadas.
Todos bebían por parejo: los miembros de la banda, el personaje  sus invitados y los escoltas quienes, para atender al patrón, ponían en cada esquina de la piscina un vaso con Whisky. El personaje se sentaba en la primera esquina a escuchar la música y a beber el vaso servido; cuando lo terminaba, se introducía a la piscina y nadando iba  hasta la otra esquina, y así sucesivamente repetía la operación hasta ingerir los cuatro vasos. Esta ronda la hacía  varias veces, mientras tanto la banda no dejaba de tocar y de beber.
 Cuando ya estaban todos “prendidos”, le ordenaba a la  banda que se introdujera  a tocar, en la parte baja de la piscina. Y era  en ese preciso instante en que empezaba su diversión.
Él también se introducía en la parte baja junto a la banda, sacaba un billete de 50 dólares el cual les mostraba a los  integrantes. Luego se sumergía   para pisar el billete con el pie. Posteriormente, al emerger, les decía que a la voz de tres el primero que cogiera el billete,  se haría acreedor a él.
Imagínense el despelote, todos inmediatamente se sumergían  en busca del billete sin importarles el instrumento; afuera las risas y carcajadas se sentían por toda la piscina; instrumento que se dañaba a los ocho días estaba restituido. Esto duraba toda la tarde hasta  entrada la noche, pues ese era el compromiso para la tranquilidad de los huéspedes  a la hora de dormir.
Como la armada empezó a poner  “peros” para alquilarle la banda, aduciendo de que estaban tocando para mafiosos, el señor ni corto ni perezoso mando  comprar a Bogotá sus propios instrumentos, que  guardaba en una casa de confianza en la ciudad y los cuales, junto con los integrantes de la banda, estaban a su disposición cuando él llegaba a la ciudad.
Ustedes se preguntarán: ¿pero todo eso era permitido en el hotel?  Claro que sí, porque el consumo diario por ese concepto, fuera de habitaciones y otras extras sumaban, a su partida, varios millones de pesos que pagaban sin remordimiento y sin exigir cuentas.
Esa fue  otra de las “rarezas” que se pudieron observar durante el transcurso en que duró la famosa bonanza, que si bien trajo su poderío económico, fue una experiencia fugaz pues, como lo pueden comprobar, ninguno de esos personajes dejó una obra para el bien laboral de la ciudad  que lo hiciera recordar en la posteridad, aparte de los huérfanos que dejaron, niñas que a cambio de unos dólares contaminados, perdieron su virginidad, hijos que algunos de los cuales ni saben quién es su padre, el deterioro de la economía, la carestía de los productos que aún sigue vigente y lo más importante: la herencia de una  vida disoluta, auspiciada por la  mentalidad   del dinero fácil, en una ciudad en donde todo es posible y si no, el dinero lo hace así.

Carlos Javier Londoño O.