lunes, 29 de junio de 2020

Junio 29 de 2020
“Viaje a la Sierra Nevada”

Durante la década de los sesenta,  debido a las facilidades  y seguridad para viajar por las carreteras de Colombia utilizando la modalidad de “auto stop”, fueron muchas las excursiones y experiencias que tuve en compañía de otros amigos.
Deseoso de conocer nuevos sitios  y ciudades lo mismo que  experimentar nuevas aventuras, decidí viajar a conocer a  Santa Marta y su  Sierra Nevada aprovechando que allá vivía un hermano mío  adonde podía llegar. Una vez definida la fecha y confirmada la estadía donde mi hermano  contacté a Javier Castrillón, compañero  en el deporte del atletismo, y a Daniel  Pérez propietario de la famosa librería Anticuaria para que me acompañaran en este viaje  pues  también eran amantes de la aventura. Con morrales, provisiones y carpa incluida , aprovechando el tren  “Expreso del Sol” salimos cierta madrugada de Medellín,  rumbo a Santa Marta.
El tren llegaba a Puerto Berrio después de pasar  por todas esas cálidas poblaciones hasta adentrarse en la zona bananera en el departamento del Magdalena, para llegar finalmente a su destino después de un viaje que duraba en promedio día y medio bajo la inclemencia de un clima cálido,  pegajoso y húmedo que sólo provocaba  ingerir líquidos para evitar la deshidratación.
En Santa Marta nos esperaba mi hermano,  quien nos hospedó en su casa.
Allí permanecimos por dos días mientras planeábamos el viaje hacia la Sierra Nevada.
Un cuñado de mi hermano  supo lo del viaje y nos pidió  el favor que lo incluyéramos en la excursión. De haber sabido de los tropiezos que a causa de su inexperiencia y flojera de buen costeño nos iba a causar, no hubiera viajado con nosotros.
Trazamos la ruta y partimos de madrugada a  abordo de  una chiva que nos llevó hasta la población de Minca, desde donde seguimos a pie hasta el pueblo arahuaco de San José de Rábago por una trocha  en ascenso, la cual pudimos superar gracias a nuestro buen estado físico, cosa que no hizo el costeño pues cuando empezamos  el ascenso lo  afectó el soroche, se sentía ahogado, con  mareos y vómito,  complementando con ampollas en los pies, razón por la cual decidimos  no continuar con él, por su seguridad.
Después de recuperado lo acompañamos de nuevo hasta Minca desde donde se devolvió para Santa Marta. Daniel nos esperó en una casa ubicada en el trayecto.
Retomando de nuevo la ruta continuamos la caminata hasta donde Daniel nos esperaba continuando  hasta la población arahuaca, allí llegamos  casi a la puesta del sol. Nos presentamos ante el mama a quien, después de explicarle  el motivo de nuestro viaje le solicitamos  un sitio para dormir. Para ello nos  asignaron una maloca circular hecha  en barro con techo de paja,  una hoguera en el centro y pieles de chivo alrededor.
Si la noche se hizo para descansar creo que la nuestra se hizo para rascar, pues además del viento frío que soplaba  y  que calaba los huesos, una rasquiña por todo el cuerpo no dejaba dormir presumiendo que las pieles estaban plagadas de pulgas.
El paso a seguir era caminar mucho más arriba, hasta llegar a  una antena de transmisión custodiada por un puesto de policía.
Después de haber tomado café acompañado con pan empezamos de nuevo la caminata hacia nuestro objetivo, por una trocha  húmeda y pantanosa; en donde a cada paso que dábamos, el viento frio nos acompañaba soplando con más fuerza.
Paso a paso fuimos subiendo dándonos ánimos con comentarios jocosos para olvidarnos del cansancio. Al medio día ya estábamos al frente de los picos blancos de la majestuosa Sierra nevada que se observaban al fondo. Esta  imagen nos levantó la moral y los ánimos pues ya estábamos más cerca que lejos de nuestro objetivo.
En la cima de esa montaña, una inmensa torre metálica  se erguía solitaria hacia el firmamento. Una patrulla de la policía conformada por un sargento llamado Eduardo y cinco agentes, más un perro lanudo  que vivían allí custodiando la torre nos dieron la bienvenida. El sitio en donde estaba construida la  casa en material en donde vivían los agentes era una área despejada, desde donde se tenía una visual de 360 grados y un paisaje  muy interesante cuando no había neblina. El sitio  estaba rodeado por cercas de alambre  de las cuales pendían tarros que sonaban cuando alguien tocaba el alambrado, supongo que era para tener mayor seguridad en la noche por si alguien trataba de entrarse.
Había algunas aves de corral  y una especie de sementera con algunas legumbres y,  una especie de corral con  cuatro mulas que pastaban apaciblemente.
En el centro del lugar había un bohío con mesas y asientos.
Nos presentaron ante el superior  al cual le expusimos el motivo de nuestra visita, la cual aceptaron complacidos, pues según su comentario, hacia días no veían a alguien diferente más que a  sus compañeros. Nos permitieron armar la carpa en un montículo cerca de la casa. Posteriormente, en una estufa pequeña a gasolina que portábamos hicimos  un  reconfortante café, al cual  invitamos a los agentes a degustar.
Por la tarde nos sentamos  charlar con ellos  y a jugar naipes,  amenizado por un radio a pilas y una botella de ron cañita que habíamos llevado para obsequiarles.
Ya entrada la noche nos invitaron a compartir con ellos un chocolate caliente con pan, gran alivio para el frio que estaba haciendo.                           
Esa misma tarde concretamos con ellos el alquiler de tres mulas para que nos acercaran por lo menos hasta la base de la Sierra, pues desde donde estábamos hasta  al sitio adonde pensábamos llegar, nos tomaría por lo menos medio día. Un agente se  ofreció acompañarnos.                                               
Esa noche nos fuimos a dormir a nuestra carpa, con una noche estrellada de fondo y el acompañamiento de un viento helado que congelaba, al cual tratábamos de sobreponernos comiendo panela para que nos diera calorías.
Todo andaba normal y dormíamos plácidamente hasta  la madrugada, cuando se empezaron  a sentir fuertes vientos que sacudían la carpa de un lado para el otro hasta que un remolino la arrancó de sus amarres y la hizo volar como un simple trapo que fue a caer como a cien metros de distancia   quedando nosotros  cobijados y a la intemperie mirando el cielo estrellado. Más que susto esta experiencia nos dio fue risa. Minutos después los agentes se dieron cuenta de la emergencia y nos invitaron a dormir dentro de la casa. Al otro día temprano estábamos recogiendo la carpa enredada en unos árboles   a varios metros de distancia.
Preparamos café y  a las siete de la mañana empezamos el recorrido a lomo de  mula, siguiendo al policía que iba guiándonos adelante. Era un camino bastante difícil en el cual hasta las mulas trastabillaban. Después de tres horas de recorrido paramos a tomar un refrigerio y a descansar  las nalgas haciendo ejercicios de estiramiento. Ya se veían al fondo y más cerca esas moles de hielo que se erguían majestuosas frente a nosotros. Era un hecho: estábamos cerca de pisar la base de la Sierra Nevada de Santa Marta.
Apresuramos el paso. A las dos de la tarde ya  nos encontrábamos en la base de la montaña. Subimos hasta donde comienza el hielo y por primera vez me sentí como en Europa en época de invierno pisando hielo por doquier. Prendimos la pequeña estufa de gasolina, colocamos hielo en una olla  para que el calor la convirtiera en agua y así poder hacer  café, que acompañado con pan y salchichón  nos sirvió de almuerzo.
Como nuestro objetivo era llegar hasta la base  de la nevada, pues  nuestra  indumentaria tanto ropa como zapatos y sin lentes para sol no eran prendas aptas para permanecer mucho tiempo en la zona, tomamos fotos, disfrutamos del hielo y descansamos para devolvernos esa misma tarde, pues el frío era implacable con nosotros por lo frágil de nuestros vestidos.
Allí permanecimos por espacio de dos horas, saliendo de nuevo a las 4 pm hacia la torre. A las 10:30 de la noche ya nos encontrábamos en  la casa policial disfrutando de un caldo con papas, arroz y chocolate con pan, comida que nos dio energías para pasar de nuevo una noche más en aquel lugar.
En vista de que nuestro objetivo fue alcanzado, decidimos viajar al  día siguiente en horas de la mañana rumbo a la población de Minca, por una ruta más corta explicada por los agentes. Agradeciéndoles las deferencias que tuvieron para con nosotros y dejándoles   las provisiones que nos sobraron, nos despedimos de ellos.
El camino de regreso  se nos hizo más corto porque era en descenso. Al mediodía ya nos encontrábamos en la población,  en un restaurante  de paso degustando un buen plato de caldo de pescado con todas  las  “arandelas”. Al rato llegó la chiva que nos trasladó hacia  Santa Marta en donde, en casa de mi hermano y después de un buen baño, nos sentamos en el patio trasero a escuchar buena música y al calor de unos Old Parr narramos nuestra odisea.
Jalón

martes, 23 de junio de 2020

Enseñanzas de la escuela de la vida

Junio 23 de 2020

 

“Enseñanzas de la escuela de la vida”

Esta es otra de las tantas aventuras y anécdotas  que he experimentado en mi vida.

Se trata del viaje que por motivos de trabajo hice desde ciudad de México a San Pedro  Sula,  ciudad situada al norte de Honduras, capital administrativa del departamento de Cortés, llamada la capital industrial por generar el 68% de las exportaciones del país. Tiene alrededor de un millón de habitantes y  clima cálido y húmedo.

Antes de viajar me pusieron al tanto sobre los peligros  a los que me podía exponer “si daba papaya”   como se dice coloquialmente pues era una ciudad que tenía un alto índice de criminalidad y donde fácilmente podías perder la vida por un reloj.

Enterado de esa situación y con hoteles  recomendados, viajé un viernes en la mañana directo a esa ciudad. Antes de abordar, en las tiendas libres de impuestos del aeropuerto de México compré una botella de wisky y algunos enlatados como mejillones, pulpo y otras golosinas para tener  que “picar” en el hotel y así evitar la salida a comprar algo.

 La llegada a la ciudad fue sin contratiempos con una aduana muy respetuosa con los turistas.

En el aeropuerto me recogió un amigo quien sería mi guía en la ciudad,  llevándome  a un hotel situado en el centro de la ciudad cerca de un gran  parque que más bien parecía una plaza de mercado, pues allí se encontraba de todo en un ambiente   de basuras y gente de ascendencia indígena que se rebuscaban con sus productos, observación que hice desde el vehículo en que me transportaba. El hotel quedaba a una cuadra del parque y aunque era un buen hotel se demeritaba por el sitio.

Luego de registrarme almorzamos  allí mismo en donde estuvimos un largo rato conversando sobre diversos temas, entre los cuales estaba el de los cuidados que debían de tener si iba a salir del hotel, lo cual había que hacerlo de día  procurando llegar a él antes de caer la noche para no tomar riesgos innecesarios.

Antes de anochecer el amigo se retiró quedando de recogerme al día siguiente alrededor de las 9 am, para hacer las diligencias alusivas al trabajo y razón por la cual había viajado a esa ciudad.

En la habitación, luego de tomar un baño, enpiyamado me serví un wisky y me puse a ver una película en  la televisión.

Luego de varios wiskys me dispuse a dormir.

La noche fue tranquila. Al otro día el amigo estuvo puntual recogiéndome para hacer las diligencias en las cuales estuvimos ocupados toda la mañana.

A la hora de almorzar me invitó a la ciudad de Tela en la costa atlántica hondureña y cerca de  San Pedro Sula, adonde fuimos por una moderna autopista. Allí, cerca al mar, degustamos los frutos del mar en un buen restaurante, acompañados por un buen vino blanco. Recorrimos la ciudad y por la tarde regresamos de nuevo a San Pedro Sula, dejándome en el hotel y explicándome que debido a unas ocupaciones personales no me podía recoger al otro día, así que tenía el día libre para conocer  el centro de la ciudad con los cuidados respectivos  y que buscara un buen hotel en donde almorzar que en ellos la comida era relativamente barata.

Después de tomarme unas  cervezas micheladas en el mismo hotel me acosté temprano a descansar.

Al otro día me levanté un poco tarde y después de organizarme me dispuse a salir, no sin antes escuchar las observaciones de los empleados del hotel  con respecto a los cuidados que debía asumir para evitar problemas.

Al salir a la calle, ante tanta recomendación, estaba más arisco que un guatín cuando le hacen un tiro en un maizal, pues cuando  uno se  desplaza por las calles de inmediato lo identifican como turista y todas las miradas recaen sobre uno.

Después de recorrer algunas calles  y hacer algunas compras pasé por un moderno hotel en  cuya entrada principal anunciaban el menú del día. Allí en un vistoso aviso se leía: “Langosta de 2 libras  con sus guarniciones, valor 12 dólares”.  De inmediato pensé: por 12 dólares   no voy a dejar de comerme una langosta de 2 libras. De inmediato  pregunté que si podía entrar en bermudas indicándome el portero que no había problema que me dirigiera al restaurante.

Una vez en el sitio, el mesero me hizo sentar en una mesa en donde me atendió muy cortésmente.

El sitio era elegante y visitado por gente lujosamente vestida; el que deslucía  en el salón tal vez pude ser yo, pero eso no me complicó la vida pues estaba autorizado para entrar y compartir con la gente que allí se encontraba.

Una vez sentado le solicité al mesero, para empezar, media botella de vino blanco bien frio y de plato principal la langosta. Ante la pregunta del mesero que con qué guarnición deseaba la langosta ahí si quedé desconcertado, pues yo sabía que el significado de la palabra guarnición era un conjunto de soldados que permanecían en un sitio para cuidarlo y defenderlo,  pero en gastronomía no conocía su significado. Como buen montañero y con miras a aprender algo ese día le pedí el favor me explicara que significaba la palabra guarnición para ellos a lo que me respondió que era el acompañamiento con que se servía la langosta. Ahora si nos vamos entendiendo - le dije- y que me ofrece como acompañamiento? Tengo frijoles tipo caraota, arroz, plátano maduro y ensalada. Ahí si quedé más desconcertado, pues nunca en mi vida había oído de ese “casao” como decimos en Antioquia a las combinaciones raras,  langosta con frijoles, arroz, tajadas maduras y ensalada. Me limite a mirar a las otras mesas y observé que la mayoría de los comensales estaban degustando de ese plato, de donde deduje que era un plato típico de la región y ordené lo mismo: arroz, tajadas maduras, frijol y ensalada como complemento; al plato y si a eso le sumábamos el vino pues creo que el acompañamiento no era el mejor, pero como dice el refrán: “al pueblo que fueres haréis lo que vieres”,  y me comí mi langosta con todo lo pedido.

Fue una deliciosa experiencia, de la cual pensaba que cuando se las contara a mis amigos  nadie me iba a creer, por eso la dejo aquí plasmada como una enseñanza de la escuela de la vida, sacando la conclusión  la importancia que tiene viajar para conocer de otras costumbres.

Jalón


lunes, 15 de junio de 2020

Junio de 2020
“Recordando aquellos años  que nos hicieron felices”
“Quien pudiera regresar de la niñez a la era, con una botella de whisky y una bonita niñera”.
Refrán que nos  lleva  a recordar,  con un poco más de sofisticación esos tiempos que desearíamos se repitieran,  pues las experiencias adquiridas son nuestra fortaleza al día de hoy.
Así que al cavilar sobre qué tema tocaría para este nuevo escrito, se me vino a la cabeza la idea de este test, en donde al contestar las preguntas te darás cuenta de cuán activa fue tu niñez y tu juventud.
¿Cuántas  de éstas preguntas hicieron parte de tus experiencias juveniles?
1) Fuiste tú uno de los que fueron un domingo al Bosque de la Independencia como se dice coloquialmente “a ver chupar paletas” o a montar en las barquitas?
2) Fuiste tú uno de los que fueron al almacén “Caravana”  a montar por diversión  en la escalera eléctrica recién inaugurada?
3) Fuiste tú uno de los que iban los domingos con tus padres a misa con la esperanza de que a la salida te motivaran con un “algodón de azúcar”?
4) Fuiste tú uno de los que  les tocó llevar como lonchera  una arepa untada con manteca de cerdo y una botella de chocolate o agua de panela?
5) Fuiste tú uno de aquellos chicos que en los diciembres se iban persiguiendo un globo a ver dónde iba a caer, que si no podías coger lo encendías a piedra?
6) Fuiste tú uno de los que se ofrecían voluntariamente en los diciembres a menear la natilla con tal que te dieran la paila para raspar?
7) Fuiste tú uno de los que en los diciembres salían a la calle con un espejo a reflejar en él  un globo, dizque para que se “chorreara” y así hacerlo caer?
8) Fuiste tú uno de los que en las procesiones de semana santa gozaban sujetando con un gancho nodriza los chales de las viejitas que iban juntas en la  procesión?
9) Fuiste tú uno de los que le gustaba visitar a  los abuelos por aquello del “mecato” que les guardaban?
10) Fuiste tú uno de los que les gustaba ir a la tienda a hacer los mandados para pedir la “ñapa”
11) Fuiste tú uno de los que el 24 de diciembre se hacían los dormidos para tratar de identificar al niño Jesús cuando depositaba los regalos?
12) Fuiste tú uno de los que dejaban el diente recién caído debajo de la almohada para que el Ratón Pérez les  dejara algunas monedas?
13) Fuiste tú uno de los que los domingos ibas con la familia o  con amigos a Campos de Paz o a la avenida 30 a ver aterrizar y despegar aviones?
14) Fuiste tú uno de los que durmieron con el vestido “estrén” de semana santa o traído del niño?
15) Fuiste tú uno de los que solían frecuentar solares ajenos con miras a robar guayabas, naranjas o zapotes?
16) Fuiste tú uno de los que hicieron paseo de olla con amigos o familiares a los charcos de Barbosa?
17) Fuiste tú uno de los que ahorraban dinero de las onces para asistir los domingos a matinal?
18) Fuiste tú uno de los que te pusieron un tramojo en la boca para que se tomaran el purgante quenopodio para las lombrices y luego lo pasaban con jugo de naranja?
19) Fuiste tú uno de los que pueden exhibir en tu brazo la cicatriz de la vacuna para la viruela?
20) Fuiste tú uno de los que cuando estabas pequeño añoraban ser policía o bombero?
21) Fuiste tú uno de los que cuando ibas a fincas escuchaban cuentos de brujas y espantos?
22) Fuiste tú uno de los que cuando te ibas a ennoviar tuvieron que pedirle  a la novia que si los aceptaba?
23) Fuiste tú uno de los que les tocó visitar la novia acompañados de cuerpo presente por la suegra, tía o hermanito?
24) Fuiste tú uno de los que jugaron fútbol en la calle, en especial cuando estaba lloviendo?
25) Fuiste tú uno de los que pueden exhibir cicatrices dejadas por las caídas cuando aprendías a montar en bicicleta?
26) Fuiste tú uno de los infortunados que usaron una cauchera para dar de baja a pajaritos?
27) Fuiste tú uno de los que hacían sus propios globos para luego tener el placer de elevarlos?
28) Fuiste tú uno de los que tocaban el timbre del vecino para luego salir corriendo?
29) Fuiste tú uno de los que tenían un trompo con una gran punta para dañar los trompos de los compañeros perdedores?
30) Fuiste tú uno de los amigos que salían  en defensa de otro amigo cuando se presentaba un zafarrancho?
Si contestaste positivamente la mayoría de estas preguntas eres mi coetáneo, que compartiste una juventud inolvidable, preguntas con las cuales espero haberte devuelto muchos años atrás.
Jalón

jueves, 11 de junio de 2020


Junio  de 2020
“Andagoya paraíso chocoano”

Cuando estudiaba bachillerato en el Liceo Antioqueño, en el período vacacional de Semana Santa, el de medio año, o en el de diciembre me daba el lujo de ir a disfrutar de mis vacaciones escolares,  ya fuera a Santa Marta  en donde residía mi hermano mayor o  a la población de Andagoya en el Chocó,  en donde vivía una tía cuyo esposo  trabajaba en la compañía minera.
Cuando viajaba a Santa Marta lo hacía  en el famoso transporte férreo llamado “ El Expreso del Sol”,  tren que salía de Medellín rumbo a la capital del Magdalena atravesando varios pueblos y estaciones de Antioquia, para luego adentrarse al Magdalena medio, vía por donde después de varias horas de recorrido  llegaba a la zona bananera.
Para viajar a Andagoya  lo hacía por el carreteable, si se le podía llamar así, a esa trocha de la época  que  desde Medellín me conducía a  Quibdó la capital chocoana. Desde allí, por vía  fluvial, llegaba a Andagoya, isla situada entre los ríos Condoto y San Juan cuyo nombre hace honor al   primer colono español que llegó a esas tierras  de nombre Pascual de Andagoya.
El pueblo era un asentamiento  minero  compuesto por familias llegadas de los Estados Unidos e Inglaterra, quienes una vez instalados en la isla fundaron un caserío bien trazado y organizado. Posteriormente crearon la empresa minera llamada  “Chocó Pacífico”,  importaron las famosas dragas, maquinaria para la explotación del oro y el platino que yacía en las profundo de los ríos atrás mencionados,  comenzando con ello la explotación minera legal  en la región  con la anuencia del gobierno de turno.
Para iniciar labores contrataron mano de obra  regional, compuesta por caucanos, nariñenses y chocoanos   expertos en minería quienes laborarían en el trabajo pesado. Para las labores administrativas   contrataron personal de color blanco los que poblaron el pueblo,  notándose desde esa época el racismo característico de la raza anglosajona. Para los trabajadores de color levantaron un pueblito con características muy diferentes a las de su pueblo, en todos los aspectos al frente  de la isla separado por el río Condoto  llamado Andagoyita.
Los del frente, o sea los negros, no podían pasar a Andagoya a no ser para trabajar y a la hora que sonaba la sirena  atravesando el rio hacía hacia el sitio de trabajo y devolviéndose  a casa en un planchón perteneciente a la empresa.
Los blancos si podían pasar a Andagoyita a beber, divertirse y como se diría coloquialmente,  a “hacer de la mujer la vil cortesana”.
Para el sustento de la población Andagoya tenía un gran almacén llamado “La Tienda”,  en donde se conseguía toda clase de artículos suntuosos,  comestibles y licores americanos importados, tienda la cual era administrada por el esposo de mi tía, en donde los “morochos” también podían comprar, en ciertos días y horas predeterminadas, con los bonos que como parte del sueldo les pagaban.
El pueblo tenía además construcciones muy modernas discordantes con el hábitat y el entorno, como iglesia, clínica de tercer nivel, escuela, casino con bar y diferentes juegos, casas matrimoniales y, para los solteros, un campamento especial distante  de las casas de los casados. Además gozaban  de buenos servicios de energía  y acueducto servicios facilitados por la compañía,  muy superiores  a los del pueblito del frente y a los de muchos pueblos del interior del país. 
Y para nuestra protección, contaban con una buena seguridad privada.
Como pueden ver, era una especie de paraíso enclavado en el espesor de esa  selva chocoana.
Por esa y otras razones yo prefería ir a pasar vacaciones  a esa tierra, pues la selva, la pesca, los ríos  y esa mezcla de idiosincrasias  eran interesantes cuando de descansar la mente se trataba. Allí también llegaban  a pasar vacaciones, venidos de otras ciudades y países, otros contemporáneos hijos de gringos y colombianos que allí laboraban  y en donde la empatía entre nosotros era ejemplar, pues se departía en camaradería,  juegos, natación, bailes y diferentes festividades que allí se celebraban y por qué no, algún romance vacacional.
Allí estuvieron disfrutando de las  maravillas naturales que la vida les ofrecía, mujeres hermosas hijas de ejecutivos de la empresa, como el caso de la que posteriormente fue la representante  por el Chocó al reinado nacional  de la belleza en Cartagena,  la modelo Nohora Perfecta Pereiro con quien   tuvimos la suerte de compartir  agradables momentos juveniles  de diálogos, juegos y sana diversión, y en donde ni ella ni nosotros pensamos que iba a llegar a ser tan famosa, como en efecto lo fue.
Como pueden darse cuenta, ésta si era una especie de la isla de la fantasía en donde había de todo un poco para mejorarle la calidad de vida a los que allí laboraban.
Como si esto fuera poco, los solteros tenían algunas prerrogativas: después  de las 5 pm hora de la salida a descansar, permitían entrar a la isla mujeres de color jóvenes adultas provenientes del pueblo del frente, a ofrecer en el campamento de ellos sus  servicios sexuales, mujeres  quienes después de tocar puerta por puerta  y al ofrecimiento de: el señó quiere negra pa´ esta noche?, eran contratadas para determinada hora a la cual llegaban muy puntuales, relaciones en donde se dieron casos de empatía entre la pareja que compartía la experiencia terminando en la formación de un hogar, como le ocurrió al gerente de la empresa  quien después de una inolvidable noche de pasión  quedó prendado de una hermosa morena, con quien posteriormente contrajo matrimonio y a la cual llevaba orgulloso a fiestas y compromisos empresariales. Hubo también casos de solteros que formalizaban relaciones con mujeres casadas del entorno, costándoles a veces el puesto,  el veto y el menosprecio por parte las demás casadas, presión que los obligaba a desocupar el pueblo.
Momentos memorables de una  inolvidable juventud.
Jalón
  

miércoles, 3 de junio de 2020


Junio 04  de 2020
“Kapax, Icono del Amazonas”

Cuando se habla de Alberto Rojas Lesmes, a no ser que seas leticiano o vivas en Leticia, posiblemente no sabrás de quien se trata. Pero si te hablan de Kapax “El Tarzán del Amazonas” la cosa es   diferente.                                                                                                                                                    
Kapax, el icono del turismo amazonense porque, quiéranlo o no, éste personaje junto con el señor Mike Tsalickis fueron los encargados de hacer conocer turísticamente a Leticia y al Amazonas a nivel mundial.
Fue para el año 1976 cuando este apuesto atleta con 28 años de edad, se atrevió a recorrer a nado los 1700 kmts que separan, vía rio Magdalena, a Neiva de Barranquilla.
Durante ese mes y algunos días de recorrido, sorteando a brazo partido las inclemencias del rio y del clima, sentó un precedente a nivel nacional   como  lo fue terminar la hazaña y hacer con ello un llamado al gobierno y al pueblo colombiano sobre la polución, degradación y contaminación que el hombre está ejerciendo sobre los ríos de la nación.
Posteriormente, en el año 2000 ejecutó otra hazaña parecida, al recorrer con el mismo propósito el rio Amazonas desde puerto Nariño hasta Leticia, con un trayecto de 80 kms.
Nativo de Puerto Leguízamo – Putumayo pero hijo adoptivo del Amazonas y en especial de su capital Leticia, este humilde personaje ha puesto en alto el nombre de esta región en los diversos certámenes turísticos en los que ha participado representando al Amazonas, como la primera vez en que siendo yo  Presidente de la Cámara de Comercio del Amazonas, lo llevamos a Medellín, junto con una comitiva representante del folclor amazonense, integrado por reina, indígenas, artesanías , danzas y comerciantes turísticos del departamento con motivo de la primera “Bolsa Internacional de Turismo de Avianca,” en donde fuimos todo un espectáculo a nivel nacional e internacional con Kapax y su anaconda a la cabeza de la delegación.
Desde esa época ha venido trabajando incondicionalmente por el Amazonas, sin ser reconocido su trabajo como se lo merece, pues muchos quieren sacar provecho de su nombre como lo hicieron diversos personajes a través de la historia, empezando por el empresario de televisión Plata Camacho, quien fue el que más se benefició con la promoción de la travesía que Alberto Rojas Lesmes realizó a lo largo del rio Magdalena , aparte del robo de los regalos que en efectivo le daban en cada puerto al que llegaba, con los cuales se evadió el personaje apodado “Limonada”.
Luego vino otro vividor que editó una revista con su nombre, de la cual recibía sólo cinco centavos por cada ejemplar vendido. Y así sucesivamente ha sido explotado, ante sus afanes protagónicos  y figurativos, pues al no valorar  su trabajo lo regala con tal de que lo fotografíen o lo filmen.
Entre los muchos pagos decepcionantes que ha tenido en la región, está la ocasión, en que “pulcros periodistas” de alguna emisora amazonense, que se creen con el poder de censurar a cuanto parroquiano indefenso cae en sus manos por el solo hecho de manejar un micrófono, casi lo fusilan y extraditan por las declaraciones que dio a la revista “Conexión” de la empresa aérea Aires, en donde decía “ que ya los animales no se encontraban en la selva amazonense sino en las calles de Leticia andando en motos y sembrando el terror en la ciudad”. Verdades que duelen decirlas y que son repudiadas por algunos, porque tocan intereses a veces económicos.
Pero creo que una de sus más ingratas decepciones fue el día en que un funcionario gubernamental adscrito a Corpoamazonia, tal vez para pasar a la historia o hacerse el importante le decomisó con bombos y platillos su mascota, la boa constrictor llamada “cantalicia”, animal que no podía estar en mejores manos y con la cual hacia su trabajo, al menos el de mostrar a los turistas en vivo y en directo un espécimen de la fauna amazónica.
Afortunadamente, en años posteriores, algún personaje agradecido por su loable labor, al cual hay que darle las gracias por tan digno gesto, le erigió en vida un monumento y  el Congreso de la República le concedió, también en vida, un reconocimiento a su trabajo ecologista con la orden Simón Bolívar, que aunque tarde es bien merecida, reconocimiento que no demora en salir el politiquero de oficio amazonense a adjudicarse la autoría para ganar puntos.
Hoy, como empleado hace parte del paquete explotador de uno de los emporios hoteleros monopolistas de la región, en donde su nombre es un atractivo gancho para el turista hospedarse allí y posar con él para la foto recuerdo de la estadía en la ciudad.
Pienso que en agradecimiento a su labor realizada ¿no debería de estar colocado por parte del gobierno departamental, devengando un sueldo como empleado en el área ecológica que es su campo de batalla junto con los organismos del área, en la lucha  contra la contaminación del rio Amazonas, fenómeno que está dejando  mal librada  la región a la vista de los turistas que la visitan?    
Jalón

domingo, 31 de mayo de 2020

Mayo 31 de 2020
“Y las cosas siguen igual”

Antiguamente, Leticia era considerada por varios estamentos gubernamentales de la capital como un “sitio de castigo”, a donde enviaban personajes públicos, militares, policías, aduaneros y todo funcionario que había cometido una infracción en el centro del país.
Esa  era la clase de autoridades que llegaban a regir los destinos de la ciudad. Si a la llegada de estos infractores le sumamos el conglomerado de habitantes existentes en la región, compuesto por nativos, por  ex presidiarios que llegaron después  del cierre de la penitenciaría de Araracuara a hacer nueva vida,  aventureros, rebuscadores, inmigrantes de otros países ,colonizadores peruanos , colombianos y brasileños, quienes al mezclarse con esa sangre india rebelde e indomable formaron un mestizaje avasallador que dio como resultado una mezcla genética bastante complicada, que subsistían de su trabajo aumentado por las bonanzas que emergieron como las del caucho, pieles ,animales, madera y pescado.
Por esa razón, cuando apareció la bonanza del narcotráfico, en una ciudad en donde la mayoría de sus habitantes e indígenas espantaban cada día de sus puertas la pobreza que se vivía en la región, el terreno estaba abonado para que ella permeara la mayoría de las familias leticianas, estamentos gubernamentales y autoridades. Y por eso ocurrió lo que ocurrió, a todo ese personal que llegó castigado y demás, en vez de que Leticia fuera su sitio de castigo se les convirtió en el paraíso para conseguir dinero fácil aprovechando su investidura. Y es que nadie se pudo escapar a ese flagelo, pues la mayoría de funcionarios, sobre todo autoridades, recibían mensualmente su “sueldo” extra por facilitar el accionar de estos emergentes y hacerse los ciegos y sordos ante cualquier irregularidad. Razón por la cual capo que se respetara pasaba por Leticia como Pedro por su casa, porque allí con dinero  todo era posible, ya que las autoridades, sabiendo quiénes eran, a qué iban y quiénes eran sus contactos en la ciudad, nunca actuaron y si lo hicieron fue con “positivos” insignificantes, mientras que por otro lado salía el cargamento, para ellos era más significativo económicamente.
De ahí que todo joven ambicionaba, en esa época, ser autoridad, aduanero, empleado gubernamental, político o gobernante, porque ellos sabían que eran los únicos empleos que daban la oportunidad de rebuscarse un dinero extra, al observar que la mayoría de funcionarios salían económicamente bien, pero no era por el sueldo que devengaban del gobierno. Hasta donde yo conozco casi nadie se ha hecho rico trabajando honradamente en la región, salvo algunas excepciones muy conocidas quienes también, de una manera u otra, tuvieron su vínculo o pecado con la bonanza, pues ya es bien sabido que capitales sanos de la época fueron infiltrados por capitales del narcotráfico para efectuar lo que hoy se llama “lavado de activos”, en donde se trabajaba con un glosario que figuraba en la mesa de muchos funcionarios con las palabras: soborno, enriquecimiento ilícito, cohecho, peculado por apropiación y concusión, entre otros. Así que analizando a sangre fría, sin escrúpulos, ahí está esbozado parte del origen de la situación de corrupción que se está viviendo en el departamento, en donde la mayoría aspira a los puestos públicos y políticos con esa finalidad, la de arreglar su situación económica a costa de lo que sea. ¿Y el pueblo?, muy bien muchas gracias.
Aquí les formulo una pregunta para que se den cuenta de que algo está pasando en la región: ¿Por qué en Bogotá algunas autoridades y empleados públicos están pagando para que los trasladen a Leticia a jubilarse?
Para reforzar lo antes dicho y terminar mi crónica, va una anécdota ocurrida con  un funcionario del Inderena.
Cierto día que se encontraba dicho funcionario ejerciendo su autoridad por la orilla del río, epicentro del comercio y movilización de toda clase de productos  era el lugar del rebusque para la mayoría de las autoridades de la época, quienes como aves de rapiña mezclados con la multitud o escondidos desde las bodegas de pescado, vigilaban con ojo avizor prestos a descubrir cualquier matute, tráfico ilegal de dólares animales o droga, que les representara una entrada extra en el día.
Allí se encontraban mimetizados con la población, policías, aduaneros, agentes del Das, funcionarios del Inderena, del Ica y hasta agentes de la DEA disfrazados de pescadores o hippies.
Como decía, el funcionario caminaba por la orilla en su cacería, cuando descubrió a un indígena que llegó en una canoa con varios costales. Identificándose como  agente de control del Inderena requisó los bultos descubriendo que contenían unas  bolsas llenas de peces  ornamentales, que estaban en veda por ese tiempo y por ende prohibida su  pesca y comercialización.
Para el funcionario su pensamiento fue “Se me apareció la virgen” y para el indígena las alternativas que se le presentaron fueron dos: dejarse decomisar la mercancía o pagar para continuar con la infracción. Después de unos minutos de conversación, llegaron a un acuerdo consistente en pagar para no perder la mercancía, con la opción de seguir pasándola cada viernes sin problema, so pago de una cuota, Pacto que quedó convenido
Puntual, cada viernes, desde temprano, el funcionario estaba al acecho de su víctima para recibir la cuota estipulada. Así pasaron muchas semanas durante las cuales recibía su dinero extra sin ningún problema.
Sucedió que al empleado le notificaron vacaciones, razón por la cual debió abandonar la ciudad. Antes de viajar adiestro a un compañero para que lo reemplazara, sobre todo en el cobro de la coima que había estipulado con el indígena.
Al nuevo funcionario le detalló todas las características de la canoa y de la imagen del infractor para que le cayera los viernes, día en que solía llegar.
El primer viernes de su cacería, el compañero estuvo muy pendiente desde temprano en la orilla del río vigilando la llegada del nativo.
Cuando llegó una canoa con un personaje que se ajustaba a las características que el compañero le había dado, lo esperó a que desembarcara y cuando se echó el bulto al hombro, el nuevo funcionario se le acercó saludándolo muy cortésmente, al mismo tiempo que se le presentaba: buenos días amigo: yo soy funcionario del “Instituto Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Ambiente.  El indígena no lo dejó terminar la presentación cuando le respondió: menos mal que usted no es de esos hps del Inderena que me la tienen dedicada.                                                                    

viernes, 29 de mayo de 2020


Mayo 29 de 2020
“Guerra a la polilla 2 “

Con la destitución del sub gerente  de la empresa, como primer acto de control  en contra de la corrupción que se venía operando en  ella, posteriormente  comencé a hacer controles esporádicos en los sitios de la compañía más propensos a ella como en los vuelos chárter contratado por una persona en donde los kilos de más, que atentaban contra la seguridad de la aeronave y por ende de su tripulación, eran parte de la “polilla” o en los vuelos organizados por la misma empresa en donde se recibía mercancía de todo el mundo hasta completar el cupo en kilos.
Aunque estos controles no los hacia a diario, si eran efectivos cuando algo sospechoso se detectaba, pues eso de estar pesando toda la carga a diario, era un programa muy engorroso. Así que decidí hacerlos al azar los días menos pensados descubriéndose casi siempre anormalidades sobre todo, cuando el vuelo era programado por la empresa en donde toda la carga recibida era anotada en una planilla con  datos precisos de destinatario y remitente con dirección y teléfono, caja o costal, contenido ( sin verificar), peso y valor cobrado, esto con el fin de llevar un control exhaustivo del peso en kilos llevado a bordo, y que la empresa aseguradora tuviera datos precisos para el pago de indemnizaciones cuando  se presentaba alguna eventualidad en vuelo como botar la carga. En este control podía suceder lo siguiente: cajas revisadas al azar con destinatario  pero que  no aparecían relacionadas en la planilla. Cuando esto sucedía, ordenaba llevar las cajas a la oficina de la  gerencia hasta el otro día  cuando  aparecía el dueño de ellas a preguntar por qué sus cajas no llegaron a su destino. De inmediato se llamaban a los coteros encargados de cargar el avión  para que el remitente identificara al responsable de recibir las cajas  y de cuanto fue el valor del   dinero no declarado. Una vez echa esta identificación, se les informaba al remitente, que su carga salía al otro día en el primer vuelo y a los comprometidos en la infracción, su despido.
Estas irregularidades sucedían, sin excepción, en todas las empresas que operaban en el Aeropuerto Vanguardia, pues allí todo transporte era posible desde que la plata saliera a relucir, ya que al estar en su apogeo las zonas cocaleras controladas por la guerrilla como Miraflores, Carurú, Pacoa, San José del Guaviare; Cumaribo entre otras,  adonde volábamos con autorización de las autoridades y de la Aerocivil con los controles respectivos,  toda la mercancía que entraba a esas zonas por su escasez y dificultad en el trasporte era oro en polvo, por esa razón todo lo que se llevaba ya estaba prácticamente vendido. De ahí que todo el mundo estaba con esa mentalidad de poder subir a bordo y transportar lo que fuera, no  importando lo que hubiera que pagar con tal de llevarla y más cuando eras sustancias prohibidas o mercancía como armas, gasolina, permanganato y todos esos insumos para la elaboración de la droga. Todas esas transacciones eran bajo cuerda con la complicidad de la policía, los controladores de la Aerocivil, y por supuesto con el piloto y los despachadores auxiliares de vuelo de la empresa o los mismos pasajeros. Negocio redondo en donde todo el mundo ganaba menos la empresa, la que se veía abordada a veces con problemas jurídicos cuando se decomisaba alguna mercancía ilícita  a bordo de la aeronave.
Todo giraba alrededor del dinero, tan es así, que cuando en algún vuelo, no había ganancia extra, los pilotos se inventaban alguna excusa para no volar, como ponerse de acuerdo con el mecánico para que desconectando o averiando alguna pieza vital para el encendido del avión, este no respondiera al encendido,  por lo cual no se podía realizar el vuelo. Como yo era neófito en detectar estas fallas, contraté un piloto y un mecánico que estaban disponibles para cuando yo los llamara ante una situación de estas para que, revisando el avión, me informaran que tipo de falla se  había presentado.
Así que cierta vez  en que se contrató un vuelo chárter directamente entre la empresa y una entidad estatal para transportar unos muebles con miras a habilitar una escuela en San José del Guaviare, el día del vuelo llegó el piloto que por turno le correspondía hacerlo  y tras averiguar de qué tipo de carga se trataba el chárter y que el negocio fue hecho directamente con la empresa en donde no había dinero de “polilla”  hizo todo lo posible para no volar y tras hacer las pruebas iniciales para el vuelo se bajó del avión argumentando que tenía fallas y no encendía que por lo tanto no había vuelo devolviéndose para la casa. Al ver tal actitud, dispuse de otro de los correctivos que ya tenía previsto y lo primero que hice fue hacer cerrar el avión con llave para que ningún mecánico de la empresa lo revisara y de inmediato llamé al mecánico y piloto que tenía como reserva.
Cuando llegaron les explique lo sucedido. De inmediato mecánico y piloto de emergencia, se subieron al avión a detectar la falla. Después de revisar y hacer pruebas entregaban el avión funcionando y explicando que la falla se debía a que intencionalmente, habían desconectado algo vital del avión  para que no encendiera lo que vulgarmente llaman sabotaje.
Después de recibir la paga por el trabajo efectuado y dejar el avión en buenas condiciones para volar, se llamaba a otro piloto para que hiciera el vuelo y le ordenaba a la secretaria que llamara al piloto y al mecánico saboteadores  quienes al llegar a la gerencia ya tenían su liquidación y carta de despido.
Para rematar esta crónica, hubo otro caso digno de mencionarse en donde  manifiesto el desespero de la gente que por lograr sus objetivos hace cosas a veces difíciles de creer.
Esto ocurrió cuando en otro de los tantos vuelos chárter organizado por la empresa con destino a Miraflores, se recibieron todo tipo de mercancías para su transporte: verduras, granos, ropa, repuestos, guacales con gallinas, mercancías varias y en general todo lo que se pudiera llevar  a bordo, inclusive ese día iba un motor Yamaha  40 HP en su caja original. Todo iba en regla, razón por la cual el avión decoló rumbo a Miraflores, infortunadamente faltando media hora para llegar a su destino se le fue un motor, ante esta emergencia la orden del comandante fue  botar al vacío toda la carga para así, como primer acto para salvar el avión y sus pasajeros, alivianar el peso del avión y  no forzar el motor que quedaba funcionando. Así se hizo, toda la carga fue lanzada al vacío inclusive el motor fuera de borda, carga por la cual respondería la compañía aseguradora pagando las indemnizaciones respectivas.
Ocurrió que esa misma tarde, después de la emergencia,  llegó un señor a preguntar sobre lo ocurrido con la carga despachada en la mañana que no llegó a su destino.  Lo hicieron pasar a la gerencia en donde yo me encontraba para  explicarle lo sucedido.
Después de la explicación el usuario montó en cólera preguntando que quien le iba a responder por el motor Yamaha de 40 caballos que el despachó y que fue tirado a la selva durante la emergencia, motor en donde él aseguraba, iban camuflados 50 millones de pesos ?
Pidiéndole cordura , le expliqué que por el valor del motor   el seguro respondía, pero que por el dinero que iba clandestinamente  sin declarar dentro del motor, esa operación se me salía de las manos y que la empresa no respondía por nada, respuesta que en nada le gusto al cliente que hasta con darnos plomo nos  amenazó. Ante el enojo del señor, conservando mi cordura, caso insólito, le aconsejé que fuera a la Fiscalía, Policía  o al organismo que tuviera la competencia para que pusiera la denuncia contra la empresa por la pérdida de ese dinero, sugerencia que lo más seguro no iba a acatar el ofendido porque a lo mejor tenía que dar muchas explicaciones a las autoridades con respecto a ese dinero y la forma en que lo había enviado. Refunfuñando salió de la oficina  no volviendo aparecer nunca más  por la empresa ni a reclamar el valor del motor.
Así poco a poco tras estos golpes dados a los  infractores, en donde me eche encima muchos enemigos, la empresa fue saliendo adelante hasta lograr su punto de equilibrio, lo que permitió su venta.